DOMINGO V (A) PASCUA

Camino, Verdad y Vida

José María de Miguel

    Ya se insinúa en el evangelio que acabamos de proclamar, la próxima despedida de Jesús, su partida definitiva de este mundo al Padre: "Me voy a prepararos sitio, para que donde estoy yo estéis también vosotros". Pues bien, en este contexto de despedida hace Jesús a sus discípulos algunas confidencias muy importantes sobre el misterio de su persona: "Yo soy el camino, y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí". Esta es la respuesta que dio Jesús a Tomás; estas son las palabras que han resonado con fuerza siempre nueva en el corazón de los creyentes a lo largo de los siglos.

1. "Yo soy el camino". El camino es símbolo de la vida, porque la vida del hombre sobre la tierra es una ininterrumpida peregrinación: siempre marchamos hacia la meta sin detenernos nunca hasta el día en que Dios nos abra las puertas de su Reino, hasta que entremos por el verdadero Pórtico de la Gloria, Jesucristo, al encuentro del Padre, pues “nadie va al Padre sino por mí”. Jesucristo es el cami­no; por él debemos andar si no queremos extraviarnos y errar la meta. Caminar por Jesús significa seguirle: por donde él fue ir nosotros; lo cual quiere decir: como él vivió, debemos vivir nosotros; como él actuó, tenemos que actuar nosotros. Caminamos por Jesús, si él es para nosotros el único punto de referencia absoluto en nuestra vida, puesto que "yo estoy en el Padre y el Padre en mí". Caminamos por Jesús si nos abrimos a su Evangelio y procuramos que ilumine y oriente nuestra conducta, nuestros pensamientos y acciones. Caminamos por Jesús, si él vive en nosotros por la fe, pero por la fe que se traduce en una vida de amor y servicio a los más humildes y necesitados.

2. "Yo soy la verdad". Jesús, que se presenta como nuestro camino, nos invita a confiar en él. Porque sólo él es la verdad que no engaña, la promesa que no defrauda; por él todo se ilumina, la realidad entera del mundo y del hombre aparece bañada de una luz nueva. Jesucristo da sentido a todo lo que somos, hacemos y esperamos. El nos descubre el misterio de nuestro origen y de nuestro futuro: venimos de Dios, somos fruto de su amor creador, y vamos al Padre por su Hijo bajo la luz y la guía del Espíritu Santo. Cristo es la verdad total que responde a los interrogantes e inquietudes que anidan en el corazón del hombre, porque él es la verdad que ilumina y esclarece el misterio del hombre. Por eso sólo él es capaz de llenar y colmar los deseos más íntimos del alma humana. Todo lo que hay de mentira en nosotros se opone a Cristo que es la verdad. El pecado, cualquiera que sea, es -en su raíz última- negación de la verdad de Cristo, es una forma de mentira. Como todos somos pecadores, todos tenemos una zona oscura que impide que penetre la luz de Cristo hasta el fondo de nuestro corazón. Por eso tenemos que abrirnos continuamente a la luz de Cristo, dejarnos guiar por su verdad que resplandece en el Evangelio y nos hace pasar de la mentira del pecado a la claridad de la gracia. Cristo es la verdad de Dios, es la revelación del Padre: “Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre”. Conocer a Cristo es conocer al Padre: “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”. Jesús nos revela al Padre revelándose a sí mismo como el Hijo, de modo que cuanto más conocemos a Cristo mejor conocemos al Padre.

3. "Yo soy la vida". La vida es la meta del camino, es el contenido último de la verdad que anuncia el Evangelio. Caminamos con Cristo, tras de Cristo, para alcanzar la vida de Cristo, la vida que es Cristo, para participar de la misma vida  de Dios. Para esto hemos sido creados. Nuestra peregrinación por este mundo acaba allí donde Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo será nuestra vida por toda la eternidad. Pero Jesús no sólo será nuestra vida al final del camino, sino que lo es ya, ahora, para quien cree en él. La vida de Cristo pasa a nosotros y crece en nosotros cuando nos alimentamos de su Palabra y participamos de sus sacramentos. Sin esta participación no hay vida de Cristo en nosotros. Para prepararnos esta vida perdurable, para introducirnos en el Misterio Trinitario de Dios, Jesús hubo de recorrer antes el camino de la cruz: "me voy a prepararos sitio; luego volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros".

Cristo no es sólo el camino por donde tenemos que ir, si queremos alcanzar la meta; Cristo no es sólo la verdad que da sentido y razón a nuestra existencia; Cristo es, sobre todo, la vida que colma y sacia todas nuestras esperanzas. Que la celebración de estos santos misterios vivifique y fortalezca nuestra fe en Jesucristo, camino, verdad y vida de los hombres.